domingo, 1 de mayo de 2011

LA SOCIEDAD DE LOS NUEVE DESCONOCIDOS

Los antigüos eran sin duda tan malos como nosotros, pero concientes de que, una vez vencida la materia, queda inevitablemente allanado el camino hacia la nada. De que cada victoria del conocimiento conlleva un progreso de la incertidumbre, e irónicamente, de una nueva ignorancia aunque ya en un estado dimensional diferente.
Sin admiración fetichista ni pesimismo determinista hacia la ciencia, existen quienes han comprendido que jamás se debe divorciarla de la conciencia para no perder el control sobre su papel cognitivo nó como solución sinó como posibilidad de superar obstáculos. Existen quienes son capaces de abrazar el conocimiento de que los principios ocultos que los determinan se deslizan sobre un invisible campo unificado, un tejido dorado perenne que jamás se reduce a la suma de sus partes.
Una antigüa leyenda nos habla de una encarnación bellísima de la ciencia en equilibrio, dueña y señora de sí misma y su fuerza en la libertad de las alturas, sabia, tolerante y vigilante en su gigantesca humildad; la más poderosa y secreta sociedad sobre la Tierra: La De Los Nueve Desconocidos.
Se dice que los responsables del destino moderno creen sin sombra de dudas en su existencia e incluso reciben de ella consejos, advertencias, ayudas y mensajes, aunque sólo durante situaciones límites en las cuales se vea comprometida la propia subsistencia de la inteligencia, ya que se abstienen de intervenir en conflictos y guerras que hacen y deshacen sociedades y culturas impulsadas por egos y vanidades que aún gatean sus torpes caminos hacia la madurez que entrelaza con el universo.
Muchos siglos atrás, 273 años antes del comienzo de nuestra era, existió en la India un hombre poderoso que, pese a haber sido castigado con el karma del poder absoluto, aprendió una nueva manera de mirar la historia desde más alto y a su propia ignorancia desde un estado diferente.
Ese hombre que supo encontrar en la humildad la medida de la grandeza humana se transformó tan intensamente a sí mismo que supo esparcir y contagiar esa fuerza por todo un imperio dando lugar a uno de los gobiernos humanos más justos de la historia, desde La India hasta Malasia, desde Ceilán a Indonesia, Nepal, el Tibet, la China y Mongolia.
H. G. Wells, en su historia del mundo abreviada, dice de él: «Entre las decenas de millares de nombres de monarcas que se apretujan en las columnas de la Historia, su nombre brilla casi solo, como una estrella.»
Su nombre era Asoka, emperador nieto del primer unificador de la India, Chandragupta. Al comienzo de su reinado se mostró tan clásicamente imperialista y cruel como su abuelo ( asesinó a sus propios hermanos para ascender al trono ), pero una batalla en especial lo transformaría para siempre y con él a todo su imperio: en una de sus invasiones, atacó Kalinga, un país que se extendía desde Calcuta hasta Madrás.
Asoka estaba habituado a las batallas convencionales en las cuales la superioridad de sus fuerzas y la caída de los sustentos estratégicos de sus enemigos tenían un tiempo y un proceso medianamente parecido, pero Kalinga fue diferente: allí se produjo una de esas batallas épicas y heroicas que quedan en la historia y originan leyendas y películas. Los kalinguenses resistieron más allá de lo humano, no se rindieron ante lo evidente, prefirieron morir de pié que vivir de rodillas. Cien mil valerosos soldados resistieron hasta el último aliento del último de ellos la invasión hindú.
Asoka quiso entonces ir al campo de batalla para tratar de entender cómo tan pocos hombres le habían causado tantas bajas y daños. Y cuando ante sus ojos se presentó la imágen de la multitud masacrada, algo cambió profundamente en su interior: comprendió el verdadero horror de toda guerra y renunció a proseguir la campaña de anexión de los países insurrectos y a todo acto armado hostil, y todo el resto de su gestión se convirtió en una prédica oficial de la nó violencia.
Se convirtió al budismo, aparentemente influído por su esposa o concubina Devi, propagando esta religión por todo su imperio ( construyó 84.000 stupas budistas ) pero con absoluto respeto por todas las sectas religiosas disidentes, predicando el vegetarianismo, proscribiendo el alcochol y los sacrificios de animales ( llegó a construír hospitales para ellos ), proclamando que quería prohibir para siempre a los hombres el mal uso de la inteligencia, y que había comprendido que la verdadera conquista consistía en ganar el corazón de los hombres a través del propio ejemplo de deber y piedad para que todos los seres animados puedan disfrutar de la libre disposición de sí mismos, de la seguridad, la paz y la felicidad. Su recuerdo se mantiene presente en el centro mismo de la actual bandera hindú, a través del símbolo del "ashoka chakrá", la rueda de Asoka, al igual que en el emblema oficial de ese país, que luego de su muerte no volvió a conocer hasta el presente prosperidad semejante, cayendo en la descomposición y decadencia y fragmentándose en una multitud de principados.
Bajo su reinado, se convierten en secretas las ciencias, tanto en lo referente a la manipulación de la estructura de la materia como a la psicología de masas y durante 22 siglos se disimularán bajo la apariencia de un pueblo místico dedicado sólo al éxtasis de la iluminación.
Se funda así la más poderosa Sociedad Secreta de La Tierra: la de Los Nueve Desconocidos.
La primera vez que toma estado público masivamente en occidente esta historia es en 1927 con la publicación de un libro de Talbot Mundy ( quien perteneció durante muchos años a la policía inglesa destacada en La India ), "The Nine Unknown", una novela mezclada sutilmente con datos empíricos. Mundy explica allí que el fin de esta sociedad es proseguir y ayudar en todo tipo de investigación que sea beneficiosa para la humanidad, y custodiar que los conocimientos y secretos técnicos venidos desde un remoto pasado de hace más de diez decenas de siglos ( y las fuerzas de destrucción que son capaces de engendrar ), no sean saqueadas por manos profanas.
Cada uno de estos 9 sabios poseería un libro constantemente escrito de nuevo con la exposición detallada de una ciencia, a saber:
1º Libro: Técnicas de Propaganda y Guerra Psicológica ( hacerse amo de los sueños, pensamientos y deseos de las multitudes )
2º Libro: Fisiología ( encierra grandes secretos relacionados con el cuerpo humano, entre los cuales el más comentado ha sido la explicación de cómo matar a un hombre con sólo tocarle produciéndole la muerte por inversión de influjo nervioso.A raíz de la aplicación de esta técnica se sospecha que la ciencia marcial "Judo"habría nacido como una inflitración parcial de esta obra )
3º Libro: Microbiología.
4º Libro: Transmutación de los metales.
5º Libro:Estudio de los medios de comunicación, terrestres y extraterrestres.
6º Libro:Secretos de la gravitación.
7º Libro:Cosmogonía.
8º Libro:Tratado sobre la luz.
9º Libro:Sociología y Reglas de la Evolución Social.
Las manifestaciones exteriores de los 9 desconocidos son muy infrecuentes. Una de ellas tiene relación con la colaboración en la elaboración de las vacunas contra la peste y el cólera de Pasteur y Roux ( luego de misteriosos viajes de colaboradores de éstos a la India ). También se los ha relacionado como responsables secretos de esterilización por radiaciones de las misteriosas aguas del río Ganges, en donde multitudes de peregrinos portadores de las más espantosas enfermedades se bañan sin ningún peligro para los que están sanos ( una tímida explicación "científica" que se ha intentado para este fenómeno único en el mundo es que este río es propenso a la generación de bacteriófagos, pero nadie explica el porqué no se forman en otros ríos del planeta )

Otra manifestación exterior estaría relacionada con uno de los hombres más misteriosos de occidente: el Papa Silvestre II, "El Papa Mago", quien estando en España fue llevado a un misterioso e inesperado viaje a la India, donde obtuvo sorprendentes conocimientos que llenaron de estupefacción a quienes lo rodeaban ( incluso se llegó a creer que tenía firmado un pacto demoníaco que le otorgaba poderes sobrehumanos ).
Aprendió en la India la ciencia para fabricar una cabeza robótica de bronce que, al igual que los oráculos de la antigüedad, respondía "si" y "no" a las preguntas que se le hicieran sobre política o situación general de la cristiandad.
Según sus propias explicaciones escritas en la Patrísica Latina de Migne, se trataba de un autómata de funcionamiento binario, como nuestras actuales computadoras.
La revista de cibernética Computers and Automation, en su número de octubre de 1954, publicó con respecto al Papa y su artefacto: «Hay que suponerle un hombre de saber extraordinario, de un ingenio y una habilidad mecánica sorprendentes. Esta cabeza parlante debió de ser modelada bajo cierta conjunción de las estrellas que se sitúa exactamente en el momento en que todos los planetas van a comenzar su curso.»
A su muerte, los conocimientos registrados por la cabeza mágica fueron cuidadosamente disimulados, y el autómata aparentemente destruído o bien interdictado y secuestrado como tantas otras innumerables veces por el Vaticano.
Otro sospechado de haber estado en contacto con la sociedad de los Nueve Desconocidos es el escritor francés Jacolliot, cónsul de Francia en Calcuta bajo el Segundo Imperio.
Escribió una obra de anticipación considerable, comparable a la de Julio Verne, en la cual explica ciencias no sólo inexistentes en su época sinó ni siquiera imaginables: la esterilización por radiaciones, la guerra psicológica y la liberación de la energía ... ¡ en 1860 !
Ha dejado además varios libros consagrados a los grandes secretos de la Humanidad. y en todos ellos habla abiertamente de la sociedad de los Nueve Desconocidos como una realidad.
Desde las resacas del futuro que podemos vislumbrar en las gigantescas civilizaciones del antigüo pasado, nos permitimos suponer que cuanto más avanzada y poderosa era su ciencia, más oculta e inaccesible se encontraba.
Habían comprendido, en su mayor claridad evolutiva, que sus cajas de Pandora, sus árboles de la sabiduría son apenas limosnas de La Totalidad y que sólo cumplen un papel cognitivo dentro del hombre y es éste quien luego se hace responsable del método indispensable a desarrollar para su manipulación.
Aprehendieron también que este método debe desarrollarse imprescindiblemente sin dejar de glorificar al azar ( nuestro semiescepticismo tendencioso ) ya que éste permite mantener permanentemente en el investigador la conciencia de que está tratando sólo con pequeños segmentos de una infinita complejidad mayor dentro de una fluctuación sin jerarquías, y de que el avence de su ciencia conllevará siempre correlativamente un progreso permanente de la ignorancia, imprescindible para cualquier investigación eficaz que logre desprenderse de las generalizaciones banales, arbitrarias, falsas y paralizantes.
LA TOTALIDAD IMPERIALISTA
Cuando la ciencia olvida estos parámetros, se hace víctima de lo que yo llamo La Totalidad Imperialista, desde la cual nada podría escapar al control del espíritu y de la técnica de los humanos, y todo el universo debería obedecer los simples esquemas de nuestra pequeña e irrisoria lógica.
La Totalidad imperialista es una especie de idealismo payasesco dentro del cual lo que no puede ser formalizado, no tiene derecho a la existencia, y lo real debe obedecer a lo formal y no a la inversa. Es aquélla que se deja invadir por los condicionamientos falaces de las pruebas corroborativas, las generalizaciones empíricas ingeuas y las distorsiones retrospectivas, todas ellas hijas de la vanidad y el ego, enemigas acérrimas de una ciencia del Conocimiento, un determinismo ontológico que es íncubo inevitable de fuerzas masivas descontroladas capaces de aniquilar la humanidad.
Así falazmente asignadas las certezas de la Ciencia, ésta se transforma en un valor negativo, totalmente pernicioso, al perder sus ideales y su dignidad, y queda expuesta al saqueo sectorial, a la egoísta voluntad de los poderes políticos, que siempre seguirán una lógica unidimensional.
Nuestra historia contemporánea es en sí misma el más trágico ejemplo. Y la resignación dentro de nuestra sociedad moderna de los espíritus inteligentes como condenados a muerte esperando en su celda, su confirmación.
El emperador Asoka, hace casi 2.500 años, pudo ver. Y al entender la paradoja científica del progreso inaudito de beneficios correlativo al de sus efectos mortíferos, y de las desintegraciones sociales que llevan implícitas los progresos de las ciencias de la naturaleza, creó una sociedad secreta capaz de custodiar las llaves de más de diez mil siglos de Ciencia Madre.
Dueña de los destinos de la Humanidad, pero absteniéndose de emplear su gloria oculta, conciente de que las ciencias de la naturaleza son inseparables de su orígen accidental y evenencial, una sociedad secreta de 9 hombres constituyen un mito soberbio proveniente de lo más profundo de los tiempos.

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