miércoles, 2 de enero de 2013

OVERTON BRIDGE: EL MISTERIOSO PUENTE DE LOS PERROS SUICIDAS

Un pequeño pueblo ubicado al oeste de Escocia, de nombre Milton, posee un misterioso puente de orígen victoriano que ha sido objeto de estudio por parte de científicos, parapsicólogos  y charlatanes.
Desde la década del 60 del siglo pasado, el puente Overtown ha ejercido una extraña y mortal seducción para una enorme cantidad de perros ( cientos de ellos, entre los cuales entre 80 y 100 han muerto en 50 años ) que saltan del muro del puente, suicidándose en su gran mayoría, al enfrentar una caída de 16 metros.
Los animales primero se paran en el medio del puente, toman carrera y saltan el muro de un metro de altura, obedeciendo a un impulso irrefrenable.
El puente, que salva el cauce del río Clyde,  fue construído en 1859 por un acaudalado burgués terrateniente llamado James White, quien contrató a uno de los mejores arquitectos de la época para que lo levante junto con una pequeña mansión de  retiro espiritual, y los registros de los primeros suicidios caninos comenzaron a principios de los años 60, cuando varios testigos reportaron el repentino y enigmático impulso de los canes de arrojarse al vacío.
La mayoría se estrellaba contra las rocas muriendo, pero los que sobrevivían, aún maltrechos como estaban, increíblemente regresaban al centro del puente y volvían a saltar.
Lo recurrente del fenómeno provocó el inicio de investigaciones informales, alimentándose teorías de fuerzas sobrenaturales, embrujamientos, o extraños campos magnéticos que podrían desorientar el mecanismo orientativo de los perros, y no faltó quien encontrara la inexistente prueba corroborativa en el nombre "Overton", que en galés significa "espacio fino", una zona en la cual la tierra y el cielo están más cerca que en ninguna otra parte.
El paroxismo del calvario sobrenatural lo protagonizó en 1994 un perturbado lugareño de nombre  Kevin Moy, quien influído por estas historias, lanzó su bebé desde el puente para purgar su supuesta posesión demoníaca.
Finalmente, la Sociedad Escocesa Para la Prevención de la Crueldad Animal dió intervención a veterinarios y científicos para que intentaran aclarar empíricamente el tema.
Éstos descartaron los sonidos de alta frecuencia, desestimaron estudios relacionados con el magnetismo y se centraron fundamentalmente en cuestiones físicas, como el sentido del olfato del perro y su extrema confianza en él cuando su campo visual no ofrece garantías.
El Dr. David Sands, en primer término destacó que no todas las razas de perros eran propensas a saltar al vacío, sólo las de "hocico grande" ( collies, labradores  y Golden Retrievers ) y experimentó específicamente con las que sí lo eran.
Explicó que el muro del puente impedía al perro ver qué había del otro lado, y que la llegada de estímulos olfativos como la orina de ratones y visones en el fondo debajo del puente ( cuya presencia confirmó ) podía provocar la respuesta impulsiva en los animales de lanzarse tras ellos.
También constató que el inicio de los "suicidios" coincidía con la invasión de esa zona por parte del visón americano, que segrega una sustancia glandular que vuelve loco a los perros, y que la zona del puente era muy cerrada concentrando aún más los olores y haciéndolos evidentes de repente al olfato del can provocando una respuesta .

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