jueves, 6 de diciembre de 2012

EL EXPERIMENTO ASPECT: QUE LO QUE DOS FOTONES HAN UNIDO, NO LO SEPARE LA CIENCIA ORTODOXA

En 1982 el físico experimental francés Alain Aspect, de la universidad de París, descubrió junto a sus colaboradores que partículas subatómicas como los electrones, bajo determinadas condiciones, se comunicaban instantáneamente entre sí sin importar la distancia que los separara, sea uno o miles de millones de kilómetros.
Este fenómeno cuestionó seriamente la teoría de Einstein de que es imposible comunicarse a velocidades más altas que la luz y abrió un nuevo portal de investigación científica.
En el experimento, una fuente  emite dos fotones en direcciones opuestas (digamos hacia la izquierda y hacia la derecha), y cada fotón encuentra en su camino, un analizador de polarización (que lo dejará pasar, o no) y un detector que verifica su llegada, o no.
La mecánica cuántica predice que deben existir finas correlaciones en el paso o bloqueo de los fotones a través de sus analizadores, aun cuando los fotones carezcan de medios aparentes de comunicarse entre sí.
Los primeros experimentos realizados ya habían confirmado la mecánica cuántica, pero habían sido cuestionados porque las orientaciones de los dos analizadores se fijaban antes de que se emitieran los fotones y  dejaba abierta la posibilidad de  algún tipo de intercambio de información entre los analizadores.
La situación fue solucionada por Aspect utilizando láser, que producía una cascada radiactiva de calcio, logrando  una fuente aceptable de fotones ópticos entrelazados, quitando el punto débil de la ecuación y verificando de esa manera  las predicciones de la mecánica cuántica y particularmente el teorema de John S.Bell.
Aspect  siempre había estado interesado en la mecánica cuántica, pero al leer un artículo escrito por John S.Bell, se convenció definitivamente de que su teorema contradecía la postura de Einstein y la colocaba en conflicto con la mecánica cuántica, y presentó una tésis doctoral en la Universidad de París con el propio John S.Bell como jurado, además de A. Marechal, Claude Cohen-Tannoudji (luego Premio Nobel), B. d`Espagnat, C. Imbert, y F. Laloë y luego se dispuso a demostrar sus hipótesis.
«Debemos abandonar uno de los dos siguientes asertos:
1. La descripción estadística de la función de ondas es completa.
2. Los estados reales de dos objetos separados espacialmente son independientes entre sí »- afirmaba.
La paradoja EPR ( Einstein- Podolsky-Rosen ) establecía que lo que ocurre en un determinado lugar y tiempo sólo puede depender de cosas próximas en el espacio y en el tiempo,  y que existen variables ocultas aún no observadas para distinguir sistemas que aparenten otra cosa.
Pero Aspect demostró con su experimento lo contrario:  la no localidad del universo al nivel de  partículas subatómicas.
Estas parecen intercambiar información a velocidades superiores a la luz a través de conexiones “misteriosas”, aunque lo que realmente  ocurre es que dos fotones emitidos al mismo tiempo deben considerarse como un único estado cuántico, como una realidad expresada por una única función de onda.
La polarización es paralela, es decir, que cuando se miden las  de uno de los dos fotones emitidos al mismo tiempo, se obtienen las del otro.
Lo que nosotros identificamos como dos realidades diferentes es una sola realidad mientras los dos fotones se encuentren en un estado de entrelazamiento, ( además muy difícil de mantener ).
Esto cambia radicalmente la noción de la realidad: a nivel cuántico, ya que cosas que consieramos tan comunes como la localidad en muchos casos debe considerarse ajena a la realidad.
LA TEORÍA DE BELL
Cuando un electrón y un positrón se encuentran y se destruyen, dos fotones, A y B, parten en direcciones opuestas.
Independientemente de la distancia que los separe, los dos fotones siguen correlacionados en el sentido de que determinadas propiedades deben tener valores opuestos.
Si se mide A para la propiedad x, su paquete de ondas se colapsa y x adquiere el valor, digamos, +1, el valor correspondiente para B se sabe inmediatamente que es - 1, aun cuando no se haya medido B.
Al medir A parece inferirse, de algún misterioso modo, el colapso del paquete de ondas de B "aun cuando A y B no guarden ninguna relación causal en absoluto. 
Einstein pensó durante toda su vida que debían existir variables locales ocultas que explicaran racionalmente la aparente paradoja EPR.
Pero el físico John S.Bell declaró en 1965:
"Ninguna variable local oculta puede explicar las correlaciones que se dan en la paradoja EPR, lo que deja abierta la posibilidad, aun cuando las separen años luz, de que las partículas permanezcan conectadas por un nivel subcuántico no local que nadie conoce".
Bell demostró que lo que Einstein y sus colegas tomaron como paradoja podía demostrarse científicamente. EL TEOREMA DE BELL 
El Teorema de Bell prueba la conexión-correlación entre sistemas no relacionados causalmente.
Bell aduce que mientras la separación en el tiempo o en el espacio son "reales" en ciertos contextos, dicha separación es "irreal" o carece de importancia en la mecánica cuántica.
Cada fotón sabe la medición a la que está siendo sometido el otro fotón, y lo sabe instantáneamente, y Bell prueba que este tipo de relación no local debe darse tanto en separaciones espaciales como  temporales.
Todo parece indicar que "cierta energía" es la causante de esta correlación simultánea de conocimiento, pero en física no se conoce una energía que pueda moverse tan rápidamente.
Einstein, ya en 1935, se topó con este efecto misterioso derivado de la mecánica cuántica, y lo tildó de "fantasmal" (spooky), ya que ampararía fenómenos paranormales hasta entonces desdeñados por la ciencia, como la telepatía.
Einstein concluyó que debía haber algo radicalmente erróneo en la mecánica cuántica para permitir llegar a semejantes conclusiones.
Sin embargo, el  valor experimental del Teorema de Bell fue probado dos veces por el Dr. John Clauser  en Berkeley, California, y luego otros 6 científicos repitieron el experimento,  de los cuales 4 corroboraron el teorema, hasta que finalmente Alain Aspect lo vindicó contundentemente, estableciendo una conexión cuántica de 12 metros, que mucho después fueron detectadas también a través de kilómetros por otros científicos como el Dr. Nicolas Gisin de la Universidad de Ginebra.
El Dr. Gisin envió dos fotones en dirección opuesta a través de un canal de fibra óptica. Una vez que los fotones se encontraron a una distancia de 10 Km., se toparon cada uno con una lámina de cristal ante la cual sólo se les permitía las opciones de cruzarla o rebotar.
Ambos se vieron forzados a tomar una decisión entre las dos alternativas igualmente posibles.
Puesto que no es factible la comunicación entre ellos, la física clásica predeciría que sus decisiones serían independientes, pero ambos fotones tomaron la misma decisión, y en el mismo instante de tiempo, descartando cualquier tipo de comunicación entre ellos, incluso a la velocidad de la luz.
Las dos partículas estaban enlazadas cuánticamente y se comunicaban instantáneamente a pesar de la separación.
Para Bell y otros físicos como Jack Sarfatti  la información cuántica puede transferirse instantáneamente desde una parte del universo a cualquier otra, y no se violaría la Teoría de la Relatividad porque lo que se transfiere no es energía sino información.
Bajo el número de patente 771165 de los EE.UU., el Dr. Jack Sarfatti registró un prototipo de sistema de comunicación más rápido que la velocidad de la luz, aduciendo que mientras que la energía no podía alcanzar la velocidad de la luz, la información, en base al Teorema de Bell, sí podía.
Los fenómenos cuánticos aportan prima facie evidencia de que la información se extiende de un modo que no se corresponde con ideas clásicas.
Así pues, la noción de que la información se transmita supralumínicamente no resulta, a priori, nada irracional.
La  más elegante, casi artística definición estuvo a cargo del físico francés Olivier Costa de Beauregard: "La información procedente de la medición de la partícula A viaja hacia atrás en el tiempo hasta el origen del par de partículas, y luego hacia adelante en el tiempo hasta la partícula B, llegando allí en el mismo instante en que ha partido de A".
Esta Sincronicidad que ya intuyó Carl Jung,  enloquece a más de un científico  ortodoxo, pues significa aceptar la posibilidad de la existencia de fenómenos "paranormales", aunque por ahora los tranquilice un poco pensar que sólo se requiere aceptarlos a nivel cuántico y subatómico.

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