martes, 10 de abril de 2012

BIBLIOTECA ROBÓTICA SUBTERRÁNEA

Abrumada por la exhasperante cantidad de libros y la consecuente dificultad para guardarlos e incluso para re-localizarlos cuando son requeridos, la Biblioteca Mansueto de la Universidad de Chicago, que acumula alrededor de 150.000 libros por año, introdujo un sistema robótico de archivo capaz de guardar 3,5 millones de volúmenes en la séptima parte del espacio requerido por los sistemas convencionales. 
La gran diferencia consiste en que este nuevo método ordena por tamaño y nó a través del sistema decimal Dewey. 
Los ingenieros de Dematic, una empresa que construye piezas y sistemas automatizados de almacenamiento y recuperación para Boeing, Ford e IBM, y que ya han construído 17 sistemas de automatización de bibliotecas en todo el mundo, diseñaron para la de la Universidad de Chicago, la más compleja de todas sus creaciones: un área de cinco plantas de almacenamiento subterráneo gestionado por cinco grúas robóticas, con un clima que mantiene condiciones óptimas para la conservación de papel, 60 ˚ F y 30 por ciento de humedad relativa. 
Los volúmenes de tamaño medio son apilados en bastidores de metal de 50 metros de altura ( 24.000 en total ), mientras que los artículos más grandes, tales como manuscritos y atlas, se almacenan en dos filas de bastidores de doble ancho que se enfrentan a la nave central. 
Para responder a una solicitud, el sistema relaciona el nombre del libro con el número de compartimiento y del bastidor en el cual se encuentra, y a continuación una de las grúas robóticas atraviesa la longitud del edificio sobre railes construídos en el suelo hasta llegar al sitio deseado, guiado por un controlador de lógica programable, desarrollado originalmente para orientar las líneas de montaje de automóviles, que coordina los movimientos de las grúas y los guía a la papelera correspondiente. Las grúas pueden moverse horizontal y verticalmente al mismo tiempo. 
Una vez alcanzado el recipiente adecuado, extiende dos pasadores que capturan asas de metal que contiene cada envase y lo transfiere a un ascensor que lo entrega a través de unas aberturas en el techo de la bóveda, avisando a los bibliotecarios a través de una alerta en las pantallas de sus ordenadores en la cual se especifica el título del libro disponible. 
Todo el proceso toma alrededor de 5 minutos mientras el proceso de localizar el volúmen sólo tarda entre 10 y 15 segundos. Un proceso similar pero inverso se realiza cuando se produce una devolución, que comienza con el escaneo del código de barra por parte del bibliotecario.

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