lunes, 12 de marzo de 2012

ROGER WATERS EN RIVER

MENSAJES EN EL MURO 
Roger Waters, ícono mitológico y legendario del rock, presentó ( y continúa presentando, ya que ha batido absolutamente todos los récords de público en la historia musical argentina vendiendo 9 funciones completas en un escenario que promedia una capacidad de 60.000 personas ) en el estadio de River Plate “The Wall Live”, la ópera rock clásica entre las clásicas, y una de las obras más impecables que haya generado el rock, brindando un show superlativo, rayano con la perfección, y que además debería ser visto obligatoriamente por todo aprendiz de sonidista y escenógrafo antes de graduarse, y por casi todos los que ya están graduados también. 
La obra tiene ya 30 años y su autor 69 y sin embargo ambos soportan estoicamente el aggiornamiento a los tiempos modernos, la primera porque sus planteos de alienación, abandono, castración, traiciones, sobreprotección, aislamiento, paranoia, megalomanía y derrumbes, si bien fue escrita en un contexto generacional ajeno a nuestra realidad ( Roger Waters es uno de los hijos de la 2da.Guerra Mundial ), siguen, en su esencia dramática, tan lamentablemente presentes como entonces y el segundo porque sigue convencido de la triste vigencia social, artística, humana y política de sus planteos.
El concierto es un espectáculo audio visual integral llevado a cabo con precisión intachable donde queda claro desde el mismo comienzo con explosiones, fuego y un avión estrellándose contra el escenario, que no se van a retacear recursos y que esto viaja por la más pura vena pinkfloydiana. 
Por supuesto, hay un muro gigantesco, el cual se vá cerrando y cerrando con cada tema que pasa y sirve de mega-pantalla para proyecciones de todo tipo, incluídas secuencias de la genial película que Alan Parker hizo de la ópera en 1982 y así se van sucediendo en una secuencia idéntica al álbum los temas y sus dramatizaciones escénicas, balanceadas entre efectos lumínicos o pesadillescos muñecos gigantescos y momentos íntimos donde predominan fuertemente las emociones, hasta que Roger Waters decide cerrar su muro y despedirse colocando el último ladrillo a su pared dando lugar a un intervalo en el concierto que sirve para recuperar el aliento. 
El show se reinicia con el inevitable “¿is there anybody out there?” y Waters cantando desde fuera de la pared aunque su banda aún permanece “encerrada” dentro de ella, hasta que, en un acto rayano con la magia, arman en menos de un minuto todo el grupo, batería incluída, del otro lado de la pared y continúan tocando como si nada. 
Los momentos cúspide de esta segunda parte son, musicalmente, “Confortable Num” con su inigualable solo de guitarra, escenográficamente, un gigantesco cerdo ( extraído de la simbología del álbum de Pink Floyd “Animals” ) volando sobre el público y un Waters dictatorial “ametrallando” a los espectadores, como consecuencia de su idea de que entre la audiencia y una banda de rock se plantea una relación sadomasoquista algo macabra y preocupante.
Párrafo aparte para el sonido donde todo es tan audible y perfecto que se llega a sospechar que se está presenciando un playback, y para un Roger Waters igualmente impecable cantando sin una falla y con mucho sentimiento. 
Una obra con orientación operística presentada para que se escuche y se vea integralmente, como una película, ininterrumpidamente, reforzada por la irrupción constante de todo tipo de personajes perfectamente integrados al guión. 
En síntesis, uno de los mejores conciertos que hemos presenciado en la vida, donde la interpretación, la dinámica, la secuencia, la mise-en scéne y las canciones no tienen fallas ni grietas, ubicándose lejos, muy lejos de la mayoría de cualquier otro espectáculo al cual hayamos asistido. 
CÓMO NACE “THE WALL” 
En el último concierto de la gira de Pink Floyd “Animals in the Flesh” ( el álbum “cable a tierra” de los Floyd, hasta allí considerados una “banda espacial” abanderada de la música psicodélica ) en Montreal, Canadá, en 1977, Roger Waters, reaccionando ante un espectador que intentó subir al escenario, lo escupió, lo cual le dio la idea de construir una pared a lo largo del escenario entre los músicos y el público, que luego se fue desarrollando y tomando forma con la colaboración de los otros integrantes del grupo y diversos especialistas estéticos. 
“The Wall” como álbum ( una verdadera autobiografía ), increíblemente, fue concebido y grabado en circunstancias caóticas extremas, con Waters y Gilmour enemistados a muerte, Wright despedido y luego contratado como sesionista para las giras, y Ezrin, Wright y Waters a punto de romper sus matrimonios ( se dice que el tema en el cual el personaje Floyd llama a su mujer por teléfono desde el hotel y en su lugar lo atiende un hombre, está basado en algo que realmente le ocurriera a Waters ).

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